La palabra devaluada: por qué participar en la escuela se volvió un trámite burocrático.
En los papeles y las declaraciones oficiales, la escuela argentina es un ágora griega. El andamiaje jurídico es impecable: la Ley de Educación Nacional N.º 26.206 la consagra como el laboratorio por excelencia de la ciudadanía. Si uno examina las resoluciones del Consejo Federal, del Consejo Provincial, las circulares de las Direcciones de Nivel o las normas de convivencia, el sistema desborda de consejos escolares, centros de estudiantes, ateneos y jornadas de reflexión colectiva. Pero cuando se descorre el velo de la retórica ministerial, la realidad pedagógica muestra otra matriz. En la práctica cotidiana, la participación no es una forma de vida; es un ritual vaciado de sentido. Un ejercicio de coreografía institucional donde todos creen que deciden, pero nadie mueve la aguja del poder real, que, como ya sabemos, "viene de arriba" . ¿Qué hilos invisibles bloquean hoy la democratización en las escuelas? ¿Es desinterés de los actores o es un diseño estructural pensado para ...


