Certificar sin garantizar: la exclusión disfrazada en la era del Plan de Alfabetización.
El aula argentina arrastra, desde hace años, una ficción consentida por todo el arco político. Una simulación de baja intensidad donde el Estado simula que enseña, las estadísticas simulan que todo marcha bien y los alumnos avanzan en una cinta transportadora institucional que emite títulos, pero retiene el conocimiento. Sin embargo, en este primer semestre de 2026, la realidad macroeconómica y el hartazgo social eyectaron el debate del confort de los congresos pedagógicos para ponerlo en el centro de la discusión pública. Hay una sensibilidad a flor de piel. El ciudadano de a pie, que observa cómo el poder adquisitivo se licúa, ya no tolera que la escuela le devuelva a un chico de tercer o cuarto grado que no puede leer de corrido el menú de un restaurante o el cartel de un colectivo. La pregunta que la política intenta eludir es tan simple como devastadora: ¿a quién incluimos cuando hacemos pasar de año a un estudiante que no comprende un texto básico? La respuesta incómoda es ...


